jueves, 10 de junio de 2010

BRUTALIDAD POLICIAL CON TINTES RACISTAS EN GRANADA

EL CASO DE SOW
El día 25 de Mayo de 2010, sobre las 13:30 horas aproximadamente, me encontraba en la calle con mis abanicos (nada falso) en el puente romano del río, cerca del colegio de los Escolapios. En ese momento llegaron dos furgones de la policía local y se colocaron cuatro policías a cada salida del puente. Intenté irme al igual que mis compañeros, porque la vez anterior que me detuvo la policía local, me incriminó un delito contra la propiedad intelectual que yo no había cometido y no quería que me ocurriese lo mismo otra vez. Pero, cuando llegué a su altura, un policía me hizo un placaje empujándome contra el muro del puente. Viendo lo sucedido, intenté correr pero el policía me pegó con el puño en el brazo para desequilibrarme. Llegaron otros tres policías y mientras el primero me esposaba, los otros continuaron pegándome. Me dieron puñetazos en el estómago, en la cara, en la mandíbula, en el pecho y uno de los policías le dio un puñetazo también al muro del río.

Había muchos testigos presenciales de dicha situación ya que los hechos sucedieron en una hora en la cual los menores del colegio de los Escolapios salían acompañados de sus padres y madres, numerosos testigos empezaron a quejarse a los policías. Algunos/as estaban llorando por la actuación tan brutal y desmesurada.


Un ciudadano le pidió la identificación a un policía y éste le contestó que no tenía por qué darle nada a nadie, es más, le dijo a su compañero que apuntara la matrícula del ciudadano y la documentación para denunciarlo a él por meterse con la policía y aparcar en segunda fila. La gente también le reprochaba que ellos mismos habían aparcado peor y estaban interrumpiendo gravemente el tráfico en hora punta en el centro de Granada.

Mientras dos Policías Locales se quedaron fuera discutiendo con los ciudadanos, me llevaron al coche y se subieron conmigo dos policías, uno a mi derecha y otro a mi izquierda. El de mi derecha comenzó a insultarme con frases como: “eres un mono, un puto negro, musulmán de mierda…” y me preguntó que dónde estaba Alá o Mahoma. Cogió la porra, se la puso en sus partes haciendo como si fuera su pene, y dijo: “Mira cómo me follo a Alá”. Me decía que los musulmanes somos monos y que las africanas eran todas unas putas. Le dije que mi novia era española y su hermano Policía Nacional, los insultaron igualmente diciendo que tanto mi novia como los policías nacionales eran unos putos y unos gilipollas.

Mientras pasaba todo eso, me estaban pegando en la cara y en el hombro. El de la derecha me metió la mano en el bolsillo derecho, encontró mis llaves y las tiró al suelo del coche, mi tabaco lo rompió y mi tarjeta del móvil, entre la agresión y el coche, desapareció y no he podido recuperarla.

A continuación llegó otro policía que se subió atrás y el jefe que se subió delante. El policía que se subió atrás, me metió una bolsa de plástico transparente en la cabeza, cogió su pistola y comenzó a golpearme repetidamente con ella en la sien mientras decía: “Jefe, ¿lo mato? ¿Lo matamos?, es un puto mono, lo mato y lo echamos al río”. El jefe, que se sentó delante, me quitaba la bolsa cuando veía que me sofocaba y podía asfixiarme y luego me la volvían a poner, así hasta tres veces . Después de eso, el policía local de la izquierda me cogió la nuez con los dos dedos y apretaba hasta casi dejarme inconsciente, pero el jefe le dijo que me dejara.

Después, el jefe me decía constantemente que lo mirara, bien para propinarme un puñetazo en la cara o para darme cabezazos. No pude ni contarlos, fue así hasta que llegamos al Centro de Salud.


Fueron a un Centro de Salud, y se bajó el policía de mi izquierda, a curarse unas heridas que tenía en los nudillos, que supuestamente dice que le había ocasionado yo, y otro a curarse una herida en la rodilla.

El jefe también me dijo: “Si me denuncia la gente y me quitan un solo euro de mi sueldo… te buscaré y te mataré”. Así todo el camino hasta comisaría, pegándome e insultándome.

Camino de comisaría, llamaron a alguien y diciéndole que iban hacia allá y que “la hemos liado con un puto negro de mierda, recalcaron que hicieran todo lo posible para “putearme” con los papeles”.

Cuando llegamos a la Jefatura de la Policía, sita en la calle de la Palmita, s/n, 18014, de Granada, le dije al policía de mi derecha que si quería oír lo que decía Martin Luther King, y él me dijo “No quiero escuchar nada de ese puto negro”.

Dentro de la comisaría, me pidieron la dirección y le di mis datos al policía que conducía, el cual quiero detallar que en ningún momento ni me pegó, ni me insultó. Le di mi nombre y apellidos, dirección, nombre de padre y nombre de madre, el nombre de mi novia y su teléfono, y le dije que la llamaran para que les diera el teléfono de mi abogada.

Una vez pasé a disposición de la Policía Nacional, estuve en el calabozo toda la noche. Cuando estaba allí, comencé a notar dolores por todo el cuerpo ya que me estaba enfriando. Avisé a los Policías que necesitaba un médico. Trajeron primero a un grupo de Protección Civil al calabozo. Después, seguía con un dolor enorme de cuerpo y de cabeza y la policía nacional me llevó a Urgencias de un Hospital.

Al día siguiente, me llevaron a los juzgados. La policía local me había denunciado por delito contra la propiedad intelectual y atentado, entre otras cosas, porque habían incluido en mis cosas una caja de gafas de marca de otro compañero. Desde aquí quiero dejar constancia de que yo nunca he vendido falso, porque sé que es delito y que eso me dificultaría mi regularización en España, y que jamás he tenido ningún problema de actitud ni comportamiento ni con la policía nacional, ni con la policía local, ni con nadie.

Me pusieron un abogada de guardia y me vio un médico forense.
Aunque en la denuncia consta como letrado Antonio Enrique Padial León, en realidad vino una mujer llamada Ana Cristina Carmona Moyano.

Allí me tomaron declaración y negué todo lo que me acusaban, les conté la verdad sobre que yo nunca he vendido falso y que no les había agredido en ningún momento a las autoridades, no sólo porque soy pacifista sino porque además, con las esposas, es imposible agredir a nadie.

Sobre las 12:00 horas del día 26 de 2010 salí de los Juzgados a la calle.

Dos días más tarde, el 27 de mayo, sobre las 13:45, en la calle Mesones, me volví a encontrar con la misma patrulla policial. El conductor me reconoció y me preguntó cómo estaba. Le dije que estaba bien y que quería ser positivo.

El policía me dijo que hablara con el jefe y demás compañeros porque querían disculparse por lo ocurrido. El jefe me explicó que reaccionaron así en el coche porque la gente les dijo anteriormente que eran unos racistas y unos violentos. Dijo que modificarían su declaración el día del juicio. Pero a su vez, también me dejó bien claro que era mejor que no los denunciara porque ellos eran la Ley y trabajaban para ella.

Solicito al juzgado que haga las averiguaciones que correspondan para averiguar la verdad de lo ocurrido, ya que además de agredido y torturado, soy víctima de una denuncia falsa.
No sé describir a los Policías que me atacaron pero podría identificarlos perfectamente si los volviera a ver por lo que solicito una rueda de reconocimiento de los agentes pertenecientes a las unidades que operaban en esa zona, en esa hora, en ese día.


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